Alvinsch: apuntes sobre un charlatán

Estoy seguro de que varios lectores se van a preguntar si vale la pena mi intento de desmenuzar lo que dice un youtuber de humor tik-toker como Alvinsch. Si él fuera sólamente ese músico aborreciblemente estereotípico y no el youtuber de un millón de suscriptores, entonces esta crítica no tendría relevancia alguna. Lo que me concierne es la tirada que tiene en internet, además de su rol de portavoz en una corriente de crítica musical que sin sentido de vergüenza se disfraza de teoría e intelecualismo. Lamentablemente, esta crítica no se refiere a una sola figura pública, sino que abarca todo un sesgo colectivo que surge de las misma contradicciones que omite el protagonista en su crítica.

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Demás está decir que también aparecerán otros diciendo que la labor de Alvinsch es divulgativa-comédica y no crítica, algo que quiero contradecir completamente dada la alta carga de juicios personales y contenido técnico que trata de reflejar en sus vídeos. Divulgador es el que presenta información reduciendo en lo posible los juicios de valor. Jaime Altozano y El Robot de Platón son ejemplos de ese título en el panorama de YouTube.

Me he encontrado con una dificultad para ordenar la crítica: Alvinsch se contradice muy seguido. Para marcar estas contradicciones de alguna forma, recurro a dos definiciones: una parte tecnicista y otra logocentrista. Es tecnicista en el sentido de derivar sus criterios de producción, vocales e instrumentales desde su definición caduca de talento: complejo bueno, simple malo. Esto es evidente cuando denigra canciones de reggaetón, trap y pop en general. Por otra parte, cuando Alvinsch intenta alabar música de géneros como el hip hop, pop y k-pop, recurre al logocentrismo, es decir, a darle total prioridad a la letra o al mensaje. Este logocentrismo se acrecenta cuando la parte musical que caracteriza a los géneros de los que habla entra en contradicción con su idea tecnicista de talento. Ejemplos muy claros están en sus vídeos de BTS, Canserbero, Residente y Twenty One Pilots, por nombrar algunos. En resumen, por ponerlo en otras palabras, un rockero imbécil como Alvinsch es incapaz de decirte por qué un beat simple y minimalista de Hip Hop es bueno, por lo que no le queda de otra que hablar de la letra.

Abordando las contradicciones, existe una posición que es una de las piedras angulares del filisteísmo y Alvinsch no demora en darla a relucir: tratar a la música como a ese sirviente moral que debe complacer la única realidad que has vivido o aspiras a vivir.

Desde luego que asco, y nada menos, provoca leer el título de su vídeo “Canserbero: el rap que latinoamérica necesitaba”. En su vídeo de J Balvin, Alvinsch da la ilusión de estar en contra del discurso liberal “todo se consigue con esfuerzo”. Paradójicamente, en el vídeo de Canserbero, deja entrever su desprecio hacia el retrato más realista del género musical en cuestión mientras lo denigra constantemente comparándolo contra su modelo ideal paulo-coelhico de rap: “el cambio está en ti, si estás sumergido en la calle y las drogas, es por tu culpa”.

El mismo youtuber, cada vez que puede, asegura que la maquinaria capitalista absorbe la cultura para monopolizarla. Con la misma audacia, también dice que los artistas sin talento se han dado cuenta de que el malandreo y el sexo venden. Esto se trata de otra contradicción infantil: presentar una crítica hacia un sistema mientras achacas fuerzas individuales.

Cuando coquetea con los temas políticos, también tropieza.

“¿Pero qué pasa cuando la cultura es el narcotráfico y la delincuencia? La contracultura vendrían a ser los libros“.

Exigirle a gente a la que se le negó el acceso a una educación decente que hablen de libros: en el mejor de los casos, una suposición ingenuamente patética y, en el peor, un sesgo de clase desvergonzado. Sólo nos falta esperar que diga que utilizar Uber en lugar de transporte público es contracultura.

Alternando, el protagonista tiene una cosmovisión muy romántica y conservadora de la forma en el arte. Específicamente, en su vídeo de BTS refuerza esa idea caduca de arte. Parafraseándole, para no volver a tragarme sus vídeos, dice: “me enteré que BTS no es una boyband de K-pop y que utilizan literatura, todo súper-artístico”. Al principio, quise darle el beneficio de la duda. Quise creer que estaba siendo irónico. Luego recordé que también refuerza esa idea estúpida en otros vídeos, como el de Residente y El Cuarteto de Nos, donde toma una posición muy seria. Aquí Alvinsch da otro síntoma de filisteísmo: referenciar manifestaciones de arte canonizadas para validar la existencia de manifestaciones nuevas. Este síntoma se da cuando el sujeto, hallado en su incapacidad de comprender o explicar lo nuevo, recurre a lo que comprendieron los competentes en el pasado.

De la misma forma, profunda vergüenza debiera provocar creer que la existencia de un concepto o referencia literaria en un álbum de música es un punto de inflexión en la balanza artística. Una balanza artística sin sentido alguno que simplemente se reduce a una máscara para ocultar la incompetencia de explicar por qué algo es bueno o malo sin recurrir a palabrería barata.

Análogamente, derivar la calificación de una obra por referencias arbitrarias es la muletilla favorita de Alvinsch. Como dato gracioso, un amigo me contó que Alvinsch recalcó en sus historias de Instagram que su álbum favorito de Hip Hop era Blakroc, un proyecto de hip hop de la banda de blues The Black Keys. Nada en contra de la música de la banda americana (el álbum me agrada, de hecho), pero dártelas de opinólogo de hip hop mientras tu álbum favorito de dicho género fue hecho por una banda de blues que se sirvió de miembros de Wu-Tang Clan y otros nombres legendarios como Mos Def deja en evidencia tu bagaje marginal respecto al género.

Otra afirmación ridícula, por no decir insultante, está en su vídeo de Residente: “el álbum se asemeja más a los álbumes de rock progresivo que a los álbumes de música urbana”. En esta parte el emisor incita al receptor asumir que esos discos sagrados de rock progresivo son superiores a los discos de música urbana. ¿Y por qué eso hace genial a Residente? Porque sí.

Una paja mental similar sale a relucir en el vídeo del Cuarteto de Nos, donde Alvinsch nos asegura que el hecho de que el cantautor sea ingeniero y haya escrito versos con esquemas matemáticos guarda una relación con un “valor artístico”. El youtuber Matías Parkman plantea esta payasada muy bien:

“Lo que dice Alvinsch se sostiene por el apoyo visual que pone. Si nosotros ponemos el mismo análisis sobre algo que todos consideremos estúpido, va a quedar como una genialidad porque no está diciendo nada sustancial sobre la obra”.

Esta impresión que nos deja una noción bastante redonda de lo que significa tragarse una dosis completa de esta masturbación visual que pretende embellecer lo que Alvinsch textualmente compendia en un manojo de adjetivos y sesgos; después de todo, mi crítica pudo haberse quedado con el tercer párrafo de esta entrada. Con lo expuesto, ese es el resumen de la suerte de sistema crítico de este youtuber. Si puse ejemplos particulares fue para ilustrar el contenido de ese resumen. Alvinsch es el filisteo; es el cuñao, como dirían en España. Alvinsch no aporta ni difunde absolutamente nada de provecho a la comunidad más que simples prejuicios. Lo bueno es que estos últimos tienen fecha de vencimiento.